Dani(n)
Wonderland

Existe un espacio intacto. Una exhibición de pureza, ahí… A veces, tenemos la ilusión de atraparlo, aunque sólo sea por un instante. Aunque bien pensado, puede que justamente sea al revés, y es ESE instante el que, en ocasiones, nos atrapa a nosotros.

Cuando conseguimos alcanzar ese espacio, la imagen y/o la palabra, establecen a su vez un nuevo viaje (en realidad, yo creo que EL viaje), con quien lo contempla. Es algo salvaje, sin domesticar, se mueve de manera inesperada, sin aclaraciones, con extrañeza y pasión. Frágil, claro. Y con vida propia. Un animal suelto, que crece, suda y palpita ya, en el otro.

Ese espacio maravilloso (mágico, que no obedece a las leyes naturales), yo siento que lo forma un instante muy preciso y muy fugaz, que ya deja de ser “real”, justo inmediatamente después, pues ya es otra cosa, y pasa a convertirse en una nueva realidad, al otro lado del espejo. Una realidad distinta. Inexplicable. Y desde luego, pura.

Lewis Carrol, amante de la fotografía y especialmente sensible a los retratos de niñas, llevó de su mano a Alicia hasta ese lugar.

Ella regresó.

No estoy tan seguro de que él, lo hiciera.

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